Inicio Crítica literaria Modernismo y 98 Intrahistoria en Unamuno e intratiempo en Machado
Intrahistoria en Unamuno e intratiempo en Machado PDF Imprimir E-mail
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Literatura - Modernismo y 98

Publicado por Maricarmen R. Margenot en Espéculo nº 42

Este ensayo pretende profundizar y poner de relieve ciertos aspectos noventayochistas reflejados en las obras de Unamuno y Machado. La idea de esencialidad definida por Unamuno en En torno al casticismo será una de ellas, ya que tal concepto será el común denominador del pensamiento de la mayoría de dichos escritores. Asimismo, Machado en su obra Campos de Castilla, refleja singularmente su visión y preocupación por España, y, entre ideas como la de esencialidad de Unamuno, destaca la noción de temporalidad en dicha obra, la cual será también clave en la generación.
El hombre, en unión con su paisaje , formará una unidad profunda y eterna, y esta es la clave, la esencialidad anhelada y buscada por los hombres del 98. Unamuno se convierte así en propulsor de estas ideas, que aunque también están presentadas en todos los escritos noventayochistas, es con En torno al casticismo, cuando aparecen por primera vez expuestas abiertamente. Antonio Machado, en su obra más famosa, Campos de Castilla, proyecta toda esta ideología donde sitúa la preocupación por España como tema central.
Se podría hablar, y de hecho se ha hablado, de influencias de Unamuno en Machado; el planteamiento del problema español en Unamuno dirige indirectamente la formación de Machado con escritos como En torno al casticismo. Machado mismo, al ser interrogado sobre su pertenencia a la generación del 98, contesta: “Soy posterior a ella. Mi relación a aquellos hombres -Unamuno, Baroja, Ortega, Valle-Inclán-- es la de un discípulo con sus maestros...”
Tras un detenido análisis de algunos textos de ambos autores (en verso y en prosa), se observará que estas son tan parecidas, que no cabe duda de que ambos pensadoress compartían la misma visión y el mismo sentimiento por la tierra castellana. Así, se podría afirmar que Machado, entre otras cosas, poetiza las ideas sobre España, enunciadas por Unamuno en sus ensayos de En torno al casticismo. La preocupación por captar la esencia del alma castellana, lleva a poner de manifiesto los elementos que componen la intrahistoria, pero además, a Machado le inquieta el ámbito temporal que rodea la intrahistoria, que evoluciona con ella y se eterniza, el “intratiempo” del hombre, del paisaje, que forma una unidad con la tradición eterna.
“La poesía es diálogo de un hombre con su tiempo”, ha dicho Machado. El hombre está siempre experimentando esa marcha temporal, la sucesión eterna interior, y el poeta debe transmitir esta duración humana y temporal a la poesía. El poema adquiriría, de este modo, esa “magia” temporal, experimentaría su propio tiempo, “el poema debe, pues, vivir como tiempo finito y medido, con independencia de su principio generador que es también tiempo, pero infinito e inmesurable”. En Soledades también encontramos ejemplos en los que se puede apreciar, casi contemplar por ejemplo el movimiento de la luna en la noche, y con él, el invisible paso del tiempo. Así pues, al igual que con la preocupación por España, Unamuno sienta las bases filosóficas sobre el acontecer temporal que Machado luego ampliará y analizará más detalladamente en su obra.
El poeta habrá alcanzado así, la esencia temporal, el tiempo eterno, ¿intratiempo?, siempre fluyendo y autorenovándose, sin morir en el poema. Este flujo eterno constituirá parte indispensable de la “intrahistoricidad” propuesta por Unamuno: ambos elementos, casi imperceptibles, silenciosos, “como el fondo mismo del mar” serán así pues, las bases primarias de la siempre necesaria renovación del 98.

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